Articles - The Voice of Garanganze:  The Writings of Patrick Kalenga Munongo

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El amor para un continente derrotado
September 20, 2005

La mayoría de los africanos que viven en el extranjero tienen una lucha interna que nunca se aplaca. Este sentimiento es paradójico, y quizás no es el único en los africanos. En un lado unos africanos se sienten impotentes e incapaces de hacer algo por el continente, en el otro, son optimistas y tienen la esperanza por un futuro mejor. Esta lucha proviene de la condición en la cual se encuentra el continente africano. En efecto, el continente africano ha sido en estado de estagnación por años. La impresión prevaleciente es que nada positivo sale del continente negro. Cada vez que uno ve las noticias del África son negativas, nos muestran gente que están muriendo de hambre, guerras civiles, reportes de una corrupción sin igual, una vida de depravación, y desesperación, miles de enfermedades, y en pocas palabras, una vida intolerable. Esas descripciones no pueden ser generalizadas, pero en la mayoría de los casos, es la asunción y la imagen de África que el mundo conoce. Y lo peor es que el pueblo africano suele estar inerte y apático como si su propio sufrimiento fuera normal.  

África es el único continente donde la pobreza sigue aumentando y las enfermedades infecciosas como el VIH (virus que causa el SIDA) suele matar millones de personas. ¿Y porqué? ¿Que tipo de castigo cruel han merecido el pueblo africano hijos de Dios? No hay una explicación fácil o manera para resolver estos problemas tan complejos. Lo que podemos y debemos de hacer es tratar de poner en relieve las dificultades que enfrentan los africanos, día por día con coraje insólito, y proponer sugestiones que puedan llevar a una solución.

Empecemos por contar la vida de las mujeres africanas que viven en diferentes lugares, desde las ciudades a los campos. La mayoría de la población africana vive en los campos, lejos de las ciudades. En el reciente pasado, más gente se ha mudado para las  grandes aglomeraciones, y ha construido casas sin planificación urbana o sin promesas de empleo. Eso resulta en un aumento de pobreza, delincuencia, y crimen. Las mujeres y los niños, como siempre sufren más, especialmente cuando una situación desventajosa se amplifica por una guerra civil, como en el caso de la Republica Democrática de Congo (RDC). Sin trabajo o animo por el futuro, muchas mujeres en las ciudades son obligadas a “vender sus cuerpos” para sostener sus familiares. La pobreza, y la obligación de mendigar causan un bajo auto estima, y la depravación de los principios morales en África. Ese problema social deshumaniza las mujeres cuya meta en la vida se reduce a ser objetos sexuales de sus esposos y de cualquiera que puede garantizar una salida de la pobreza.

En las escuelas, desde la segundaria a la universidad, las mujeres que no tienen  recursos económicos no tienen otra opción que de prostituirse para pagar sus derechos de matricula. De milagro, adquirir una educación ha quedado solo en un sueño de muchas para alcanzar un futuro mejor. Aunque la sociedad no les promete mucho, la mayoría de ellas van al extremo para adelantarse en las escuelas. Los profesores, casi todos varones, exigen que las estudiantes se den en cambio de buenas notas. Esta transacción entre profesores y estudiantes no puede ser ignorada como factor contribuyente en la propagación del VIH. Sin embargo, este problema de dependencia no se limita a las ciudades solamente.

 

Es las aldeas, una gran parte de las mujeres trabajan las tierras, juntas con sus esposos o familiares.  Desafortunadamente las mujeres siguen siendo maltratadas y a veces dependen completamente de sus esposos cuya propensión por la poligamia es conocida por todos.

Esta herencia cultural, en ciertas regiones del continente, causa otros problemas como el abuso mental y físico de las mujeres, y la transmisión de enfermedades sexuales. Además del VIH que afecta a muchas familias, la escasez de empleo es devastadora para los hombres quienes también pierden su amor propio.  

Los niños tampoco se encuentran bien. En las ciudades del continente africano, un viajero se suele encontrar multitudes de mendigos que extienden la mano por un poco de dinero, algunos se han convertido en expertos mendigos y prefieren este modo de vida fácil. Otros no tienen opciones. La verdad es que no hay trabajo para ellos, ni oportunidades para ir a la escuela. El costo de vida es muy alto, y la atracción del tipo de vida urbana, especialmente para los jóvenes sin raíces, es un ingrediente potente para querer mudarse a los grandes centros. Los abusos de los niños son conocidos. La prostitucion infantil, la labor infantil, y la manipulación de los niños por los rebeldes o jefes militares son problemas sociales cuyas consecuencias durarán por décadas. Hay niños soldados que  matan sin ninguna merced, usan drogas para enmascarar las emociones, golpean a los adultos y sus familiares, y lo peor, violan a mujeres. Este modo de vida sin leyes es atractivo para cualquier niño que hasta este punto no tiene dirección u objetivo. Los mismos jefes militares usan niñas pequeñas como objetos sexuales, cocineras, y sirvientas. A veces, no hay distinción entre niños y niñas. Todos sufren y mueren sin que los abusadores enfrenten cualquier ley o juicio.

Como he dicho anteriormente, no hay panacea que pueda solver estos problemas sistémicos que afectan al África. Son problemas tan serios que necesitamos mucho tiempo para ver algún resultado. Hace años que la situación en África sigue siendo malísima, y no hay una persona, una cabeza, un par de manos que pueden resolverla. África necesita de unos esfuerzos mutuos de mujeres y hombres con ideas innovadores, mucho optimismo, y confianza en si mismos. Esas personas tienen que tener un espíritu de sacrificio, el amor por el pueblo, un sentido de justicia, honestidad, un mínimo de sabiduría, y la capacidad de ser firmes en sus creencias en Dios. Pues, solo El puede poner fin a esta tragedia humana que no parece acabar.

No hay panacea, pero hay ciertas cosas que los africanos pueden hacer para resolver la crisis más seria de nuestro siglo. A pesar de todos estos problemas, los africanos que viven en el extranjero suelen amar a su continente y tierra natal. Este lazo sentimental y familiar no se puede romper. El amor por la patria y el continente negro se consolide, especialmente cuando los africanos en la diáspora hacen frente a un racismo patológico sin fin.

Tal vez, los que viven en la diáspora podrán un día contribuir al desarrollo del continente junto con los que quedan allá. Al final solo al África lo ayudara  el amor de su pueblo y nadie más.



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